Brain Damage (1988)

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Sinopsis

Brian (Rick Hearst) es un tipo que vive con su hermano en un apartamento, cuando un día un extraño parásito con forma de pene y llamado Aylmer, se le aparece y le inyecta un alucinógeno líquido en el cerebro… pero Aylmer le pide a Brian algo de alimento a cambio. Y lamentablemente Aylmer se alimenta de cerebros.

Análisis

Los suburbios de Manhattan en la década de los ’80 eran la viva representación de lo que significa el libertinaje y los excesos. La Generación MTV estaba fuertemente influenciada por las drogas y tuvo su repercusión mediática en 1984 con la Epidemia de Crack, que afectó a las grandes ciudades de Estados Unidos. Esta cultura de la drogodependencia fue el punto de partida para Frank Henenlotter, director de culto, quien nos entregó en 1988 un film bastante camp y curioso que realizaba una graciosa alegoría a las consecuencias de la drogadicción. Bienvenidos a la Nueva York invadida de yonquis contada por Brian y su amigable parásito Aylmer.

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Cuando hablamos de cine B, es imprescindible mencionar directores como Jack Arnold, Stuart Gordon, Roger Corman o Tobe Hooper. Cada uno de ellos ha creado mundos y personajes que han marcado la historia del cine independiente y de bajo presupuesto, han provocado al final de sus películas más aclamadas que el público recite la famosa frase camp: “es excelente porque es horrible”. Y si nos referimos a un director en específico que haya llevado esta estética camp presente durante toda su carrera y, mejor aún, haya tenido éxito al hacerlo, debemos ubicar inmediatamente a Frank Henenlotter, uno de los más grandes creativos de la serie B (aunque él prefiere que etiqueten sus películas como “explotación”). Director de la saga Basket Case (1982), de los films Frankenhooker (Vicios Diabólicos, 1990) y Bad Biology (2008), nos entrega en esta ocasión un clásico dentro de su repertorio de comedias de terror protagonizado por un joven llamado Brian (interpretado por Rick Hearst), el cual vive con su hermano, y una simpática sanguijuela que se alimenta de cerebros (cuya voz fue aportada por John Zacherle).

La trama gira alrededor de la relación entre este parásito hablador, gracioso y manipulador y Brian, quien descubre que esta sanguijuela posee un líquido azul que causa ciertos efectos alucinógenos y además es altamente adictivo. Aylmer, el amable pero peligroso parásito, introduce dicho líquido en el cerebro de Brian haciendo que él se vuelva adicto a su suero gracias a las sensaciones de placer y felicidad que experimenta mientras se encuentra bajo los efectos del fluido. Pero no todo es perfecto. Mientras se encuentra en ese estado, Aylmer aprovecha para alimentarse de los cerebros de las personas que se acerquen a Brian, pero este último no puede hacer nada para detenerlo ya que siente la necesidad de que Aylmer le inyecte un poco más de su “jugo”.

Como algunos podrán notar, la película es una clara alegoría a la drogadicción y sus consecuencias. Aylmer es la fiel representación de cualquier tipo de droga mientras que Brian es el adicto, el que está dispuesto a pasar por cualquier situación para recibir un poco más de su dosis, así esto signifique servir de intermediario para que el parásito consiga cerebros humanos. Inclusive el hecho de que se alimente de cerebros y no de cualquier otro órgano nos dice algo: las drogas se devoran el cerebro de las personas, les da un momento de regocijo pero al mismo tiempo se les está comiendo poco a poco la cabeza. Es tan explícita y atrevida esta idea acerca de la drogadicción que Frank nos pone ante unas escenas puntuales donde hace referencia a este planteamiento, como por ejemplo, la clásica secuencia en la que Brian cree que él tiene el control sobre Aylmer y éste, con su voz suave y de una manera directa le dice: “Tú haces todo lo que yo quiero que hagas. Tú eres mío ahora, Brian. ¡Yo soy tu dueño!” para luego entrar a un desafío sobre quién aguantará más, si Brian sin su “droga”, o si Aylmer sin sus cerebros.

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Otros aspectos que son igual de llamativos en el film son sus efectos especiales y el diseño del parásito. Tanto uno como otro marcan el estilo camp del film y su tonalidad graciosa pero a la vez oscura. Además, es importante remarcar el hecho de que hacen uso de los efectos especiales prácticos (así como la mayor parte del cine B y de explotación tanto ochentero como de otras épocas), los cuales ayudan a darle vida y personalidad a Aylmer. Por otro lado, podemos mencionar que el diseño de éste cumple con hacer que salga de nuestra boca o que pase por nuestra cabeza la idea mencionada al comienzo del análisis: “es genial porque es un asco”.

Y no solo Aylmer es un parásito que, técnicamente, está creado perfectamente; es un personaje que trasciende, que causa simpatía, que rompe barreras de significancia y pasa de ser un bicho raro a ser toda una figura llena de cargas simbólicas acerca de las drogas, un completo líder de la sátira en el cine. Es ese personaje por el que nos morimos de ganas para que recite otra línea de diálogo, para que haga otra aparición en pantalla, pero que al mismo tiempo detestamos por sus niveles de manipulación y persuasión. Oscuro y cruel pero a la vez amigable. Sin embargo, el verdadero temor de la película no está en Aylmer, está en que el espectador compenetre con Brian, se identifique en él (esa es precisamente su intención) y vea en el parásito su adicción, ya sea a las drogas o a otro tipo de cuestiones, porque más allá de que el film sea una metáfora hacia la drogadicción, también podríamos hallar que el tema central no es éste, sino la dependencia del ser humano hacia todo aquello que le brinda un placer transitorio.

En conclusión, Brain Damage es una película divertida de una forma bastante extraña, compuesta de sangre, alucinaciones, drogodependencia y una pequeña sanguijuela muy encantadora. Sin duda, su mayor fuerte lo podremos encontrar en esos astutos símbolos que nos deja Frank de una forma tan explícita que parece que, a modo de declaración, dijera al público: “en estos 84 minutos te mostraré cómo te domina tu adicción”.

Es uno de esos films ideales para comprender qué es el cine de explotación y cómo funciona una comedia de terror. Además… sangre y un espécimen parlante que controla al protagonista, ¿qué más le podríamos pedir a una cinta de serie B?

LO MEJOR: LBD4a alusión hacia el tema de la drogadicción, la simbología que maneja el film acerca de dicho tema y, por supuesto, Aylmer.

LO PEOR: Así como se admira la manera astuta en la que el film ofrece un mensaje en contra de la drogadicción, también podría llegar a ser un poco moralista dicha idea y el equivalente al Sr. Mackey, de South Park, diciendo: “las drogas son malas, ¿m’kay?”.

LA ESCENA: Brian, mientras está “drogado”, entra con Barbara al metro, la cual le discute acerca de lo preocupada que está por él. Llegan a una estación del paso subterráneo donde varias personas entran al metro y entre esas, está un hombre con un canasto que se sienta directamente frente a Brian y Barbara. Se trata de nada más y nada menos que Duane Bradley, personaje de Basket Case. Brian y Duane se miran fijamente de una forma incómoda durante un momento hasta que este último se aleja con su canasto (donde suponemos que debe estar Belial). Un gran guiño hacia el primer film de Frank Henenlotter y que todos los fans de dicha saga sabrán apreciar.

Puntaje

Invasión de Cine B: 4.7 | 5
IMDb: 6.7 | 10

Rotten Tomatoes:

70% | 100%

Ficha técnica

Título original:

Brain Damage

Fecha de lanzamiento:

15 de abril de 1988
Duración: 84 min. en la versión teatral, 86 min. en la versión unrated
País: Estados Unidos
Productora: Palisades Partners
Director: Frank Henenlotter
Guión: Frank Henenlotter
Fotografía: Bruce Torbet
Música: Matthias Donnelly, Clutch Reiser, Gus Russo
Reparto: Rick Hearst, John Zacherle, Jennifer Lowry, Gordon MacDonald
Presupuesto: USD $900.000
Género: Comedia de terror/Serie B

Trailer

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